Blog de Losdiasdelasemana

El turismo como forma de vida

Tratemos de imaginar el turismo antes del siglo XX, vayamos a un lugar muy concurrido por extranjeros, por qué no Constantinopla en su apogeo: Algún ambicioso turco platica con un europeo recién llegado, éste le habla de los rumores que corren en Europa sobre Turquía, de esta forma el turco se entera de lo que ahí buscan los extranjeros. Al otro día el turco espera en el muelle un barco, cuando los pasajeros pisan tierra los intercepta y les ofrece, por unos centavos, llevarlos a los mejores cafés, a la más impresionante mezquita, a un burdel y a una tienda de chucherías donde encontraran los mejores artículos de oriente. Aceptan. El turco repite esto con todo barco que llega indefinidamente y se vuelve millonario, pone su propio café.

Cualquier lugar modifica sus costumbres si es muy concurrido y eso le da un encanto distinto al que tienen los lugares más vírgenes, pero la característica principal de lo que se conoce como turismo es la brevedad, viajamos por un muy corto periodo de tiempo sólo para “conocer”, divertirnos, relajarnos y salir de nuestra rutina. Cuesta trabajo imaginar al español del s XVI decir “Voy a América 2 meses”: los viajes eran muy largos y complicados, por eso los reyes nunca vinieron. La gente venía a trabajar, a gobernar, a evangelizar, a quedarse.

Comprendo el enojo de los habitantes de ciudades turísticas, los visitantes aunque les traen ganancias les causan muchos problemas y no comparten mucho de sus vidas, casi no interactúan, no les dejan nada más allá del dinero. Pero cuidado, no existe mayor turista que aquel que con su tarjeta de crédito dice “yo no voy a lugares turísticos, yo voy a donde vive la gente” , y luego contratan guías de turistas que los llevan a lugares “ peligrosos” para no correr el menor riesgo. Nadie conoce el Bronx ni Tepito si no ha vivido ahí, ni siquiera quienes asisten todos los fines de semana a comprar algo o a visitar a alguien, y es más, existe la duda de que las personas que viven ahí tampoco conozca esas zonas, cuántas cosas no notamos de nuestros barrios. El mayor error es creer que no tenemos algo de turista en nosotros.

La diferencia entre el turista y el periodista es que el segundo se siente incapaz de entender un lugar ajeno, por eso pregunta a sus habitantes y a su realidad a ver si ellos pueden explicarle algo, en cambio el turista está seguro de comprenderlo todo, incluso antes del viaje, así que en el vuelo de regreso ya tiene totalmente estructurado en su cabeza lo que les va a contar a amigos y familiares con la mayor seguridad cuando aterrice, situación contraria a la del pobre periodista quien ya sentado en su casa no sabe qué demonios pasó y tiene que escribirlo a ver si entiende algo.

El turismo nada tiene que ver con viajar, quien es turista lo será también en su propio país. Por ejemplo, supongamos llega a su ciudad alguna exposición artística, digamos alguna de Anish Kapoor . El turista una persona muy “ inteligente” antes de asistir a la exposición lee una brillante reseña en internet que será la que después todo mundo repetirá, y después de ir a la exposición la repite ante amigos y conocidos quedando como una persona muy culta y respetable. Pudo no haber ido, pero se niega a aceptarse falso y pretencioso: Turista.

Esta forma de viajar es en realidad un producto para entender la realidad de forma más fácil, sin complicaciones, nos da un itinerario  no sólo de los lugares y las maravillas que visitaremos sino también de lo que opinaremos de ellos “ La torre Eiffel tiene un restaurante en la cima y es carísimo como 20 veces uno de México”. Por supuesto que no está mal platicar lo que hacemos, nuestra vida, nuestros viajes, es casi una necesidad , Vivir para contarla es el nombre de la Biografía de García Márquez; Pero el turismo no es más que una mala narración predeterminada, una donde el narrador omnipresente juega a ser Dios, lo conoce todo, no le quedaron resquicios, dudas, cosas sin aclarar. El turista no vivió para contarla porque no vivo, su viaje estaba hecho de antemano, en su cabeza, y no contó porque contar es el descubrimiento de una nueva realidad, al momento de relatar el viaje lo redescubrimos. Cuando viajamos es mejor no saber exactamente que estamos haciendo, eso es escribir: Dejarse ir.

Un buen ejemplo contra el turismo es aquel que le toma fotos a los chinos tomándole fotos a la Mona Lisa, ver un detalle distinto al que todos ven. Por desgracia esto cada día se vuelve más snob o turístico. Una último intento por resistir a esta ideología del siglo XXI es tomarle fotos al que toma fotos, del que toma fotos, del que toma fotos…..indefinidamente.   


Comentarios

No hay ningún comentario

Añadir un Comentario: