Blog de Losdiasdelasemana

Ya es Jueves ¿Zarpamos?

El sol comienza a esconderse, es el ocaso, y al ver al astro rey irse tras un cielo rojo-naranja nuestras certezas del mundo se van con él, brotan nuestras dudas acerca del mundo, quizás haya alguien, quizás el destino y el azar sí jueguen en la vida, quizás sí exista una esencia.

Cada vez los viajes son más cortos, más cómodos, más tranquilos. Un viaje es sólo una transición, un inter entre dos mundos, las travesías de Colon y Marco Polo que antes duraban tanto, meses años, hoy se hacen en un día. Es normal que  las aeromozas envejezcan tan rápido, de alguna forma  tan enormes travesías en tan poco tiempo cobran factura. Pero la humanidad extraña los viajes antiguos,  trayectos largos e inciertos, incómodos, donde no queda más que convivir con nosotros, con nuestro pasado, con nuestro futuro, el presente se vuelve nada solo una línea.

Un viaje es meramente mental, es decir, un estar en medio de la nada, en medio del mar, del espacio, del bosque, solo se ven pinos, el agua, las estrellas en el espacio, ahí sí sólo queda pensar en todo lo que fue y en todo lo que será, el capitán le cuenta al almirante, de su mujer, de sus hijos, de lo que dejó en la costa, y el almirante lo anima recordándole todo lo que esperan encontrar al atar cabos. Lo que importa es sentir que nos movemos, un viaje no lo es si no vamos hacía algún lado, por eso en el guardagujas de Arreola se les coloca en las ventanas del tren un paisaje que da la sensación de movimiento, porque el tren está parado, en aquel país los viajes lo siguen siendo por la esperanza que tienen las personas de llegar a su destino, cuando esa esperanza se acaba no hay viaje posible.

El viaje de las grandes urbes se da en el metro, una calca subterránea de la ciudad que nos lleva de  de Manhattan al Bronx, de Coyoacán al estado. En el metro solo hay oscuridad y personas, nos quedamos a solas con nuestros pensamientos, excepto cuando un hombre entra  y coloca una frazada con vidrios sobre la cual se avienta haciéndose daño, lo mismo pasa cuando el marino ve delfines saltando o el conductor un alce tapando la carretera.  Lo que importa de los viajes no es el punto inicial ni el destino, los viajes pueden ser vistos como vectores: Simples líneas que van de un sitio a otro. Cuando uno llega al Bronx siente lo mismo que cuando llega a Tlahuac a pesar de que todo es distinto y esa es la magia de llegar a un sitio nuevo, descubrir lo parecido en la diversidad, pero eso no es un viaje: un viaje es un trayecto en el que cargamos nuestros fantasmas hacía un lugar incierto, como si lleváramos un aleph personal con todo lo que hemos visto y no pudiéramos hacer nada con él, aunque después de mucho mirarlo comenzamos a descomponerlo, el recuerdo del 2005 antes del de 2002, el 2010 inmediatamente después de 1998, lo que nos da una especie de futuro, una lectura diferente de los tiempos.

Un viaje es tiempo atrapado en un espacio, es por eso que ingerir LSD es considerado  UN VIAJE, el tiempo queda congelado en un pequeño cuadro, podemos por fin observarlo, claro que es un viaje en donde ya se piensa en el futuro, la cosa está ya muy distorsionada, nos parece normal ese desorden. Las culturas antiguas se drogaban para lograr un transición como volverse hombres y abandonar a su madre, los rituales son viajes para representar lo que no nos damos cuenta que pasa, nunca notamos como envejecemos, de pronto un día nos miramos al espejo y ya tenemos canas, arrugas, vemos la fruta colgar del árbol y en el suelo, pero nunca la caída.

 El Dark Side of the Moon de Pink Floyd es quizás la mejor representación de un viaje en su forma más abstracta, quién sabe a dónde se va, sólo sabemos que a un lugar imposible, y en el viaje lo escuchamos todo, las persecuciones, la muerte, el tiempo, el dinero, todo como nunca antes lo habíamos escuchado, sonidos que antes pasaban inadvertidos mezclándose en un mismo tiempo, de forma nítida, delineada, con  ritmo, todos juntos.

Los viajes pueden ser lentos como el de un trasatlántico o rápidos como el del zapping de la TV, son espacios imaginarios pero necesarios. Aunque los hay también muy horribles y reales como el que se da en una sala de espera para saber si estamos enfermos o el de Jesucristo , cuyo viaje fue un calvario de jueves.


Comentarios

No hay ningún comentario

Añadir un Comentario: